Historias de Racheal Kunoichi – *La Ninja Americana* #2 : “Promesas que se Cumplen”
Historias
de Racheal Kunoichi – *La Ninja Americana* #2
: “Promesas que se Cumplen”
Autor:
capc
1.- Cabe señalar que esta es una historia no
oficial dentro del canon del personaje o personajes de la franquicia de la Co.
Konami. Así también, menciono al icónico Terry Bogard de la Co. SNK, cuya
historia del mencionado personaje también es no oficial.
2.- Todos los derechos reservados
pertenece(n) a la(s) compañía(s), persona(s) que crearon a los personajes,
imágenes y demás que se mencionan, muestran en estas historias creadas por mi
persona.
3.- Son historias que comparte en el Internet el mejor jugador del Perú solamente en el videojuego de la SFC "Super Formation Soccer 94", y quien es el admirador numero#1 en el Perú de la Ninja "Mai Shiranui" escribiéndole prosas, poemas y fanfics.
Personajes creados por mi persona:
Minaka y Migumi : Buenas amigas de Raquel en el pueblo de .
Miyuzani (Miyu) : Maestro de Raquel.
Akiga Nanakame : Joven mujer adinerada y popular en la
escuela que frecuenta Raquel.
Kinugani : joven educado y popular en la escuela que
frecuenta Raquel.
Takaro : muchacho grande de cuerpo y fornicario a quien le
dicen grasiento en la escuela.
La pareja de ancianos cuyos nombres no los he dado a
conocer, y quienes me imagino como las personas que adiestran a Raquel.
I
Ahí se encontraba sentada dentro del dojo de
entrenamiento, una joven que había cumplido ese día quince años de edad. Ella
estaba cavilando, con algo de tristeza en su mirada. De pronto una anciana
entra y le dice: Raquel, ven que tu abuelo quiere hablar contigo algo
importante. Iré de inmediato abuelita, gracias por avisar. Pasan los minutos, y
ella ahora se encontraba en la sala principal de la casa. Ahí se veía a un
anciano de traje naranja con amarillo y blanco, parecido al ropaje que
utilizaban antiguamente los monjes Shaolin del país de china. El hombre de
cabellos, bigotes y barbas grisáceas era el líder de un clan de ninjas del
lugar. Abuelo, aquí me tenéis, abuela me dijo que queríais hablar algo
importante conmigo. Así es, Raquel, hoy estas cumpliendo quince años de edad, y
ocho meses aproximadamente que perdiste a tus padres en aquel accidente de
carretera. Pues bien, soy hombre que cumple lo que dice, y te prometí que te
entrenaría cuando llegues a la edad de quince años, y yo prometo lo que cumplo.
La joven quinceañera de la piel blanca, cabellos dorados, enarca ambas cejas,
abre sus grandes ojos azules como el zafiro, como si fueran platos, y luego se
dirige a abrazar al anciano, pero luego se contiene, se sienta frente al viejo,
con ambas rodillas en el piso de madera, con sus dos puños sobre ellas, y
agacha la cabeza diciendo: Muchas gracias, no te decepcionare, maestro.
II
Ya
era de tarde, y la joven chica de los ojos azules como el zafiro se encontraba
dentro del dojo de entrenamiento, recibiendo instrucciones del anciano. La
esposa del líder del clan, se le acerca a la joven muchacha y le entrega un
kimono blanco de entrenamiento. Úsalo, es de tu talla, y se te va a ver muy
bien jovencita. Muchas gracias abuelita, el color blanco me gusta mucho. Y así,
la joven proveniente de América del norte, era entrenada con las artes
marciales conocidas como ninjutsu. Era un lunes, habían pasado las siete de la
mañana y la chica de los largos cabellos rubios ahora se encontraba en el
mercado del pueblo. Ella estaba acompañada de dos chicas oriundas de Japón, que
conoció hace poco en el pueblo. “Minaka”, te agradezco mucho por lo que haces
por mí, eres una gran amiga. Y a ti también, “Migumi”, con ustedes se me hace
un poco más fácil el hablar y escribir el idioma japonés. - Lo que hacemos no
es la gran cosa, nos han enseñado que ayudar a otros sin pedir algo a cambio,
te enaltece como persona, y eso es bien visto en los cielos, mi amiga – le dijo
la chica Migumi. ¿Y es cierto eso que nos dijiste el otro día Raquel?, ¿Qué
aquellos ancianos te están entrenando para ser algún día una de esos ninjas que
ayudan a la gente?. Así es Minaka, y ese es nuestro secretito, solo ustedes
dos, y algunas otras personas muy confiables saben esto. ¿Podrán guardarme este
importante secreto?, nadie tiene que saberlo en el pueblo. Minaka les dice: No
te preocupes amiga, solo las personas que guardan envidia son capaces de no
guardar secretos. Raquel cierra los ojos mostrando una gran sonrisa, abrazando
con ambos brazos a sus amigas que la flanqueaban.
III
Raquel
regresa a la casa de los ancianos, llevaba una canasta con vegetales y frutas.
Ella pasa por el dojo de entrenamiento, en donde estaba impartiendo clases el
maestro “Miyuzani”, quien era el segundo al mando, en el clan de ninjas. El
hombre quien estaba en sus cincuenta años de edad, veía con los brazos cruzados
y mirada adusta como los cerca de veinte alumnos de kimonos grises oscuros,
entrenaban artes de defensa y ataque. El hombre de la mirada seria pega una
fuerte mirada a la simpática joven de quince años, haciendo que ella muestre
una nerviosa sonrisa, para luego ella retirarse del lugar. Ya era de tarde, y
ambos ancianos se encontraban en la mesa de la sala, ingiriendo acompañados de
la joven chica americana, el alimento japonés. Abuelo, ¿puedo preguntarte
algo?. El anciano quien estaba con los ojos cerrados, ingiriendo el exquisito
pescado, toma su copita de Amazake, le da un sorbo, mientras removía los restos
del pescado que yacían por sus gastados dientes, para luego decirle: A ver
jovencita, ¿Cuál es vuestra pregunta?. ¿Porque no puedo entrenar con los
estudiantes del maestro “Miyu”?. El anciano mira a la anciana con la que ha
compartido varios años de su vida, esperando que le dé la respuesta a la
impetuosa chica de los grandes ojos azules. Es por tu seguridad Raquel, tú
serás entrenada en el dojo interno de la casa, por nuestro buen discípulo
Miyuzani, y por nosotros dos, fuera de los ojos curiosos, y de gente que no les
agrada que se entrenen extranjeros en este tipo de clanes de artes marciales… y
no se hable más del asunto jovencita, y termine su alimento. Ella acepta lo que
le dice la buena anciana quien la quería como si fuera una nieta consanguínea.
IV
Ya
estaba cerca de mostrarse el ocaso, y la joven del kimono blanco y cinto oscuro
estaba en el dojo interior de la casa, cuyas altas paredes hacían inaccesible
la vista de los ojos curiosos. El maestro de la joven aprendiz quien vestía un
ropaje gris oscuro y cinto rojo entra a la sala acompañado de la anciana y de
una ayudante de la mujer de arrugas en el rostro quien estaba en sus cuarenta
años de vida. La ayudante quien llevaba consigo una fuente, deja un recipiente
con alimento para el hombre que sería el instructor de Raquel. Luego de unos
minutos ambas mujeres abandonan la sala de entrenamientos, dejándolos solos al
maestro Miyuzani, y a la simpática chica americana. Habían pasado dos horas, y
el entrenamiento había terminado para Raquel. Ella yacía sentada, con ambas
manos en el piso de madera, y estaba respirando rápido por la boca. Tu
entrenamiento empezó hoy, a medida que muestres buena actitud en las próximas
semanas, pasaras a entrenar no dos, si no cuatro horas diarias, jovencita.
Usted es muy duro maestro Miyu. No es así Raquel, se lo debo a tu abuelo, le
debo mucho a él, y le prometí que te ayudaría a ser la mejor de entre todos mis
discípulos, y yo soy un hombre que cumple sus promesas… ahora te dejo, hasta
mañana, y recuerda aflojar un poco el cuerpo antes de tu entrenamiento con las
indicaciones que te di en ese libro. Ella mira salir de la sala del dojo a su
maestro artemarcialista, y se pone a pensar que el camino que ella ha elegido
para vengar a sus padres, va a ser muy duro y largo.
V
Ya
eran pasadas las nueve de la noche, la joven quinceañera de los dorados
cabellos yacía sobre su lecho, mirando una foto de sus fallecidos padres, con
tristeza profunda en sus grandes azules ojos como el zafiro. Ella se sienta,
con ambas rodillas ahora a la altura de su mentón. Raquel quería saber ¿porque
hombres malos le arrebataron la vida a sus padres?. Ella golpea con su puño
derecho el piso de madera, mientras mostraba sus blancos dientes, arrojando toda
su impotencia por no poder haber hecho nada para salvar a sus progenitores de
los cabellos rubios. Se escucha un sonido por la ventana, haciendo que la joven
de la blanca piel se levante y se dirija hacia el lugar donde se veía una goma
de caramelo de color verde que había sido arrojada por alguien. Minaka, ¿qué
haces a estas horas por aquí?. Sé que paras encerrada en este lugar amiga, y he
venido a que me acompañes a una fiesta organizada por un estudiante de nuestra
escuela cuya casa está a solo unas calles de aquí… Migumi también ha sido
invitada, pero dije; mejor es ir tres amigas que solo dos. ¿Y no será
peligroso?. - No lo creo, me han contado que han sido invitados muchachos
educados del pueblo, lo malo... – dijo la joven de los oscuros ojos jalados y
negros cabellos recortados. ¿Entonces qué hay de malo amiga?, pregunta la chica
de los cabellos dorados. Ella arroja aire por la boca y le dice: Que también irán
algunas joyitas de nuestra prestigiosa escuela. Ambas ríen. ¿Te refieres a que irán
muchachos como ese gordinflón que con sus amigos les gusta vernos que llevamos
debajo del vestido cuando subimos las gradas?. Así me temo amiga, muchachos
como esos los encuentras en este tipo de fiestas. Pero te digo Raquel, que te hará
bien relajarte un poco… ¿Qué dices?, ¿nos acompañaras esta noche?. La joven de
los azules ojos se queda cavilando un momento con el segundo dedo de su mano
izquierda tocando su mentón, y luego le dice: Los ancianos es muy probable que
no me dejen ir a esa reunión, así que… no creo que haya problemas si las
acompaño un ratito. - ¡De acuerdo, iré! – dijo Raquel con sus ojos cerrados
mostrando una sonrisa, y con su puño derecho levantado.
VI
Las
tres jóvenes féminas quienes estaban estudiando en la misma escuela llegan al
lugar en donde se llevaba a cabo la reunión. Raquel llamaba la atención de los
concurrentes a la fiesta, por ser la única persona de ojos azules, piel blanca
como la leche, y cabellos como el oro, además de decir, que tenía un cuerpo
esbelto, que con un duro entrenamiento en años venideros quedaría muy bien
trabajado. El ritmo de la música era agradable para las tres jóvenes quienes
vestían pantalones tipo jeans. Migumi les dice: Chicas, me muero, ahí está el
príncipe de nuestra escuela, parado al lado de la mesa de los ponches. El joven
hombre vestía una camisa blanca y un pantalón gris oscuro, usaba lentes de luna
transparente, y tenía su cabello oscuro recortado. - A mí me gustaría que me
invite a bailar, es un sueño de hombre el buen “Kinugani” – les dijo la otra
joven de nombre Minaka, quien estaba en sus dieciséis años. De pronto, una joven mujer se le acerca a Kinugani,
se trataba de una chica quien estaba en el último año de la escuela secundaria
que frecuentaba la quinceañera de los ojos azules como el zafiro, ella era
“Akiga Nanakame”, una joven mujer de padres adinerados, y quien era atractiva,
además de ser la más popular de su escuela. Migumi, quien ve el beso que le da
la joven mujer del vestido color purpura les dice a sus amigas: ¿Vieron eso?,
esa pesada de la Akiga se lo quiere llevar a solas a nuestro príncipe. - Oye amiga, te agradeceré que no hables en
plural – le dijo la joven de los dorados y largos cabellos. ¡Ay! Que pesada eres Raquel. Minaka le dice a
su amiga: Oye, por cierto Raquel, ¿no habrá en nuestra querida escuela algún
hombre que llame tu atención?. Ella se queda cavilando, con sus enormes ojos azules
apuntando hacia el techo de la casa, y con su mano izquierda frotándose el
mentón, tal como lo solía hacer su fallecido padre, y luego ella les responde;
la verdad amigas, no, no hay muchacho en nuestra escuela ni en esta fiesta que
me llame mi atención.
VII
Había
pasado alrededor de una hora, Migumi se encontraba bailando con un muchacho
tranquilo de anteojos que estudia en su escuela, y Minaka y Raquel se
encontraban cerca a la mesa de los ponches y bocaditos. Un grupo de tres
jóvenes de ropas grises oscuras, y quienes tenían rostro de ser fornicarios, se
encontraban a la espalda de ambas jóvenes. - No te vayas asustar amiga, pero
esos indeseables están husmeándonos – le dijo la joven de los cabellos rubios a
su amiga quien estaba a su mano izquierda con vaso de ponche en mano. Espero que no se nos acerquen, si nos vieran
conversar con esos fornicarios, nuestra reputación se vendría abajo en nuestra
escuela. Oigan chicas, ¿porque tan solitas?, ¿nos permiten acompañarlas?, les
dijo el más corpulento del grupo mostrándoles una pícara sonrisa. Raquel con
mirada adusta le dice: ¿Qué cosa quieres grasiento?, ¿ver de qué color es
nuestra ropa interior?. Oye “Takaro”, a esas chicas las hemos dejado algo
acomplejadas, que se les olvido traer sus faldas. Los tres jóvenes bribones
ríen entre ellos por la ocurrencia del más grueso de cuerpo del grupo de tres
muchachos quien estaba haciéndoles gestos obscenos con sus manos. Ambas jóvenes
los miran con seriedad esperando que se retiren de su presencia, ya que, había una
norma en el pueblo, en donde joven doncella, sobre todo pura, que converse con
alguien que es fornicario, peligraría su buena reputación, no solo en la
escuela, sino también en todo el pueblo. Raquel pone mirada muy adusta, con el
puño derecho bien cerrado en señal de defensa. El joven cabecilla del grupo ve
a los lados con sus negros ojos el rostro de los curiosos que presenciaban la
escena, y luego les dice a sus amigos: Oigan muchachos, mejor larguémonos de
esta aburrida fiesta, no vayan a traer a sus papás esas tontas vírgenes. Los
tres jóvenes sujetos de ropas grises oscuras se retiran del lugar, haciendo que
Raquel relaje su mano derecha la cual había estado cerrada haciendo puño por
algunos minutos. Luego de haber socializado un poco la joven de los azules ojos
esa noche en la reunión, les dice a sus amigas: ¿Saben amigas?, ya quiero
regresar a casa.
VIII
Y
así, habían pasado los años, la joven de los cabellos como el oro y ojos como
el zafiro ahora ya tenía más de veinte años de edad, ya había vengado la cruel
muerte que sufrieron sus padres a manos de unos ninjas subversivos contratados
por un falso amigo de su fallecido padre, cuando ella tenía catorce años de
edad… Pero, algo en su interior le decía que ya no volvería a tener una vida
tranquila en Japón. Ella decide inscribirse en un torneo de artes marciales
para seguir adquiriendo experiencia en combates. Y en una de esas tardes,
conversa con un artemarcialista oriundo de Francia de nombre “Goldor”, a quien conoció
un tiempo atrás en un torneo de artes marciales, y quien ahora era su compañero
de equipo de luchas. Ambos se encontraban por uno de los balcones del coliseo
conversando, acompañados del ocaso del día. La mujer quien ahora mostraba un
cuerpo muy exuberante y bien entrenado, estaba revisando una conocida revista
en donde estaban los más expertos artemarcialistas que había en todo el mundo.
- Ya veo, con que tu sueño es enfrentarte con el sujeto que derrotó en el
pasado a aquel monstruo llamado Krauser – le dijo Goldor, quien como Raquel
portaba su vestimenta de combate. Eso es lo que más anhelo compañero, algo en
mi interior me dice que ese es mi destino… el enfrentarme al hombre que derrotó
a todas esas leyendas de las artes marciales y, y enfrentarme a él… Goldor suspira, apunta su mirada hacia el sol
que se ocultaba, y susurra: “Terry Bogard”. Y el tiempo pasó, la exuberante
mujer de los grandes ojos como el zafiro estaba ya con más de treinta años de
edad, y en el año dos mil dos, en la ciudad de New York del país de los EE.UU
su búsqueda había por fin terminado. - Mucha suerte en tus combates, ahora si
me disculpas, tengo que reunirme con mi equipo… hasta la vista – le dijo el
hombre conocido en el mundo de las luchas como; “El Lobo Solitario”.
Continuara en una Próxima Historia…
capc
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