Historias de Racheal Kunoichi – *La Ninja Americana* #9 : “Una bella Ninja en Paris”
Historias de Racheal Kunoichi – *La
Ninja Americana* #9 : “Una bella Ninja
en Paris”
Autor: capc
1.- Cabe señalar que esta es una historia no oficial en donde menciono a
un personaje del videojuego Martial Champion (Campeón Marcial) de Konami, asi
también, menciono a un reconocido personaje de la popular franquicia de FF-KOF
de SNK.
2.- Todos los derechos reservados pertenece(n) a la(s) compañía(s),
persona(s) que crearon a los personajes, imágenes y demás que se mencionan,
muestran en estas historias creadas por mi persona.
3.- Son historias que comparte en el Internet el mejor jugador del Perú solamente en el videojuego de la SFC "Super Formation Soccer 94", y quien es el admirador numero#1 en el Perú de la Ninja "Mai Shiranui" escribiéndole prosas, poemas y fanfics.
Personajes/Lugares creados por mi persona:
*Kanazawa; Es el lugar donde queda ubicado el clan ninja de
los ancianos que entrenan a Raquel.
Claude Fountain : Es un educado hombre que hace amistad con
Raquel en la ciudad de Paris, Francia.
Masakazu Miyuzani : Después de la muerte de los ancianos
ninjas, toma el control de los asuntos del clan de artes marciales.
*Kanazawa : Es un lugar que si existe en Japón, y que solo
me lo imagino como el lugar donde vive Racheal (Raquel).
I
La historia se da por el año
mil novecientos noventa y cuatro, en alguna parte de Europa, para ser más
exactos en Paris, Francia. En ese agradable lugar se encontraba la exuberante
ninja americana. Raquel ya contaba con veinticuatro años de edad, en donde en
su corto tiempo participando en torneos ella llega a conseguir el año pasado un
logro personal muy importante, ganando el campeonato de Campeón Marcial al
temido jefe, Salamander, en donde se entregó al máximo para terminar derrotándolo
por muy poco al poderoso artemarcialista quien tiene la habilidad de copiar el
estilo de pelea de sus contrincantes. Raquel en ese año de mil novecientos
noventa y tres deja en lo alto al clan de artes marciales del pueblo de Kanazawa,
Japón, en donde ella fue adiestrada, y cuyo líder es el maestro Masakazu
Miyuzani quien había regresado al dojo para hacerse cargo de los asuntos del
clan de artes marciales que dejaron los fallecidos ancianos artemarcialistas.
La mujer de los grandes ojos azules estaba pensando en inscribirse en un
próximo torneo ya que, el dinero se le estaba acabando, y para ella el
participar de torneos de artes marciales era como una profesión que no podía
dejar de seguir.
II
Ella hablaba un poco la lengua
francesa, esto gracias a estudios que siguió un tiempo en la secundaria
superior del pueblo de Kanazawa, Japón. La mujer de las grandes caderas quien vestía
un buzo azul y una cinta blanca en su frente, llevaba cargando en su espalda su
bolsa con sus pertenencias la cual sujetaba con su mano derecha. En eso, atisba
en lo alto a la imponente torre Eiffel, que esa mañana se veía grandiosa. Se ve
maravillosa, ¿verdad?, le dijo un parisino en su lengua, y quien se encontraba
a sus espaldas. Raquel mira de soslayo lo que le dijo el parisino del bigote
marrón, entendiendo lo que le dijo, y luego le responde: Así es, es la primera
vez que la veo así de cerca… es esplendida. Permíteme presentarme, soy Claude
Fountain, para servirte… ¿y puedo saber el nombre de la flor más bella de toda
parís?, le dijo el parisino con mucha educación. Ella le responde: Mi nombre es
Raquel, y soy artemarcialista. El hombre educado de los grises ojos enarca la
ceja izquierda, y luego le dice: Tenía el presentimiento que eras una luchadora
o algo parecido. ¿Dedujiste eso, por estos músculos?, le dijo ella mostrándole
el bíceps de su brazo derecho con mucho orgullo. Él relampaguea los ojos en dos
ocasiones, y luego le dice: No solo por tu hermoso cuerpo el cual está muy bien
entrenado, sino también por esa cinta blanca, la cual parece de una karateca.
III
El caballeroso francés le dice:
Mi bella dama, ¿me permitís invitarte un café?, sin compromiso y con todo
pagado. La guerrera del azul buzo ceñido a la piel le dice: No lo creo, tengo
un asunto que tengo que ver… - Ey Raquel, tranquila, es sin compromiso, yo solo
quiero conocerte un poco más, ¿Qué dices? – le dijo el educado hombre. De
acuerdo, te aceptare el café. ¿Me permites llevar tu bolso?, se ofrece bien
respetuoso Claude. Que caballeroso de tu parte… De acuerdo, puedes llevar mi
bolso. Al levantar el bolso, el parisino lo siente muy pesado, y se da cuenta
que no es una mujer ordinaria. Disculpa, ¿que llevas en esta bolsa Raquel?, le
pregunta el francés un poco intrigado. Solo cosas femeninas y un par de objetos
para entrenar… ¿Qué?, ¿está muy pesado para ti?. El hombre se avergüenza un
poco, porque si bien es cierto era más grande de cuerpo que ella, no tenía el
entrenamiento que si tenía la bella ninja americana quien era muy fuerte. Ella
vuelve a cargar su bolso, como si no pesasen el par de pesas que llevaba dentro,
y luego le dice: Te sigo, mi amigo. Después de unos minutos ambos llegan a un
concurrido café parisino, y se ponen a conversar amenamente.
IV
Ya veo, pues déjame decirte mi
bella Raquel, que después de la interesante historia que me has contado de tu
vida, tengo muchas ganas de practicar alguna disciplina marcial. ¿Sabes? No
puedo creer que una mujer tan hermosa como vos este sola... ¿en serio no tienes
novio, Raquel?. Ella apunta sus grandes ojos como el zafiro en su taza de café
con leche, y se queda cavilando un momento. ¿Estás bien Raquel?. Ella regresa
en sí, y apuntándose con el segundo dedo de su mano derecha le dice: ¿Quien,
yo?, ¿porque lo dices, Claude?. Es que, pusiste una mirada como de loba
solitaria, y pensé que estabas recordando a algún ex novio. - Pues, se podría
decir que si – le dijo ella con sus pensamientos en un japonés artemarcialista
que conoció en el pueblo de Kanazawa, Japón un tiempo atrás. Oye, ¿y se gana
bien como pintor?. Bueno, se tienen sus altas y bajas… no me va muy bien, pero
tampoco me va mal en esta profesión… Sabes, tengo mi estudio privado aquí a
unas cuadras, y la verdad me gustaría mucho esculpirte en un lienzo, ¿Qué
dices?, ¿te gustaría que te haga un retrato?. Ella le responde: Mejor podrías
tomarme una foto y tenerla de recuerdo… Lo siento mi amigo, no estoy interesada
en un noviazgo, solo podemos ser amigos, solo eso… espero que respetes mi
decisión y no te obsesiones conmigo.
V
Ya era cerca del mediodía, y
ambos ahora estaban sentados en una banca de un parque. Pero, ¿porque quieres
lastimar tu hermoso cuerpo en participar en esos peligrosos torneos de artes
marciales?... podrías trabajar no sé, de camarera de algún café. La mujer de la
casaca de buzo azul le dice: Es la profesión que mejor desempeño, y la que me
ayudará a solventar mis gastos personales. El francés saca su billetera de su
pantalón y le dice: Permíteme, tengo este dinero, y quiero dártelo como un
apoyo. Los siete billetes que le muestra Claude son rechazados por la
exuberante mujer de la cinta blanca en su dorada cabeza, para luego decirle: Lo
siento mi amigo, no puedo aceptarte esos billetes… todavía tengo dinero para
costear mis gastos en esta ciudad. Yo solo quería ser gentil como amigo, no lo
tomes a mal mi bella flor. Hace un momento me dijiste que en el coliseo de la
ciudad los domingos organizan campeonatos de luchas informales, y que los
peleadores no son muy profesionales que digamos, ¿no es así?. Así es, no son
televisados, no son profesionales, y muchos de ellos deben tener problemas
mentales… uno llega hace su apuesta por su favorito, y si gana la pelea tu
favorito, bien por ti, dinero en tus manos… ¿Estás pensando participar en ese
torneo de animales, mi bella Raquel?. Ella le esboza una sonrisa y luego le
dice: Así es mi amigo, y tú apostaras a mi favor, y juntos haremos un buen
dinero.
VI
Ya se mostraba la puesta del sol,
y ambos ahora estaban por un mirador cerca de la popular torre Eiffel. – Vaya,
como se nos ha ido el tiempo conversando – dijo Raquel quien veía el sol que
empezaba a descender. Claude se queda mirando su deportiva ropa azul ceñida a
la piel, la cual le quedaba muy bien, y que resaltaba su perfecto cuerpo bien
entrenado de la artemarcialista de los ojos como el zafiro, y luego le pregunta
a Raquel: ¿Y tienes donde alojarte?. Ella le responde: Iba a ir a buscar un
hospedaje por aquí cerca, ya que me dijeron que hay algunos a precios cómodos
por aquella dirección. Tengo una idea, ¿porque no pasas la noche en mi
departamento, y mañana domingo vamos al estadio para inscribirte a ese torneo?,
¿Qué te parece la idea?, ¿acaso no es buena?. Ella se queda cavilando un
momento. Oye, yo no muerdo… no haremos nada que tu no quieras hacer, ¿de
acuerdo mi amiga?. La bien proporcionada mujer de la cinta blanca en la frente
después de pensarlo bien le dice: Está bien Claude, te aceptare pasar la noche
en tu departamento, pero solo esta noche mi amigo, ¿de acuerdo?. - Me parece
bien, mi bella flor – le responde el francés de los grises ojos.
VII
Ya era domingo, Raquel quien
había pasado la noche en el sofá de Claude Fountain, abre sus azules ojos y
luego le pide el baño a Claude para darse un baño. El correcto hombre que no
pudo conseguir que ella pasase la noche en la misma cama, más que tan solo un
beso de buenas noches en la mejilla le dice: Claro, entra tu primero. Luego el
hombre de los grises ojos en forma un poco de broma le dice a ella: Más bien no
te sugiero que uses el cepillo de dientes, ya que es mío y podrías contagiarte
gérmenes. Ella asoma su rubia cabeza apuntando su mirada hacia donde se
encontraba Claude sentado en su cama, y con rostro alegre le dice: No te preocupes,
traje mi cepillo personal. Luego ella cierra la puerta del baño y se prepara
para asear su cuerpo. Ya era de tarde, y Raquel y Claude se encontraban dentro
del coliseo. La ninja americana veía todo tipo de artemarcialistas en el lugar,
pero ella sabía que podía hacer un buen dinero en ese campeonato. Ya está,
aposte todo lo que te ofrecí ayer en ti Raquel… Recuerda que no hay premio para
el segundo lugar, ¿en verdad quieres hacer esto mujer?. - Ya te lo dije, confía
en mí, ese premio será mío al final de la noche, eso te lo aseguro – le dijo la
exuberante guerrera quien portaba su traje de combate, con una aureola de metal
en su rubia cabeza.
VIII
La noche no podía haberle salido
mejor a la experta artemarcialista de los ojos azules como los zafiros… soportó
hasta a cinto guerreros que lo dieron todo en el campo, pero que no eran
expertos artemarcialistas, y por lo tanto no pudieron derrotar a la ninja que
empleó sus mejores técnicas para hacerse con el triunfo y con el dinero. Ella
va a reclamar su dinero al sujeto de las apuestas quien estaba rodeado de
entusiastas apostadores que la vitoreaban, como de también, de malhumorados
perdedores que se lamentaban, y después de recibir su premio se retira con su
amigo Claude del estadio. ¿Enserio tienes que irte mi amiga?, le pregunta el
pintor quien con ella se encontraban en las afueras del pequeño estadio. Así es
Claude, tengo que seguir viajando a lugares y seguir mejorando mis técnicas de
combate… hasta llegar algún día a mi destino. El hombre de los cabellos castaños
quien veía una magulladura en su nalga izquierda de la mujer del combativo
traje, le pregunta intrigado: ¿Y cuál es tu destino?. Ella lo mira de reojo con
sus grandes y azules ojos, y luego le responde: Llegar a la cúspide de una
montaña… en donde vea a una gran y brillante estrella… y en mi mejor nivel como
artemarcialista.… … … Era una noche del año dos mil dos, y en las carreteras de
la ciudad de Florida, EE.UU estaba viajando la bella ninja americana en una
cabina acoplada a una motocicleta de colores azul con rojo, acompañada del
hombre con el que estaba iniciando un noviazgo, y quien para Raquel era como la
cúspide de una montaña, con una estrella blanca en su espalda.
Continuara en una Próxima Historia…
capc
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