Historia de Tyris Flare – *La Princesa Amazona #2* : El Bosque de Rudán’n
Historia de Tyris Flare –
*La Princesa Amazona #2* : El Bosque
de Rudán’n
Autor: capc
1.- La historia
que van a leer a continuación no está dentro del canon oficial del personaje de
la franquicia de Golden Axe de la Co. SEGA.
2.- Todos los
derechos reservados y demás pertenecen a la compañía/persona que ha creado al
personaje o personajes, imágenes y demás que se mencionan en estas historias
fabricadas por mi persona.
3.- Son historias que comparte en el Internet el mejor jugador del Perú solamente en el videojuego de la SFC "Super Formation Soccer 94", y quien es el admirador numero#1 en el Perú de la Ninja "Mai Shiranui" escribiéndole prosas, poemas y fanfics.
Personajes/Lugares creados por mi
persona (capc):
Akanán : Es el Jefe
del grupo de aventureros de Trymas.
Akavan : Es la región
en donde se encuentra el valle de Kocega.
Dryjas : Es una secta
oscura integrada por salvajes del valle de Tybek.
Dyanna : Así se
la conoce a Tyris en la región de Akavan.
Helgala : Jefe de
la aldea de Sylekha.
Kocega : Es el Valle
en donde se encuentra la aldea de Sylekha.
Rudán’n : Bosques
que se encuentran en las tierras de Kocega.
Sylekha : Es el
hogar en donde se encuentra la bella amazona Tyris.
Sylekha –Trymas :
Es el nombre del grupo de aventureros de Dyanna Tyris.
Trymas : Es un
grupo de aventureros en el que se une en aventuras la amazona Tyris que luego
terminaría llamándose Sylekha –Trymas.
Vadarán : Es uno
de los miembros del grupo de aventureros de Trymas.
Valeska : Es una
de los miembros del grupo de aventureros de Trymas.
I
Después de haber salvado a
los niños secuestrados por los salvajes sectarios de la tribu de Dryjas, y de
haberlos regresado a su hogar, la heroica amazona, Dyanna Tyris Flare, regresa
a su hogar en el valle Kocega, pero esta vez, acompañada de su nuevo grupo de
aventureros. Por el camino de regreso al cálido hogar de la buena guerrera,
viajaba ella montada de su caballo de pelaje marrón, acompañada de tres
jinetes, ellos eran; el líder del grupo, el guerrero Akanán, el enorme bárbaro
Vadarán, y la esbelta hechicera Valeska… y en el transporte de cuatro ruedas,
se encontraban dentro el goblin “Orhike” y el duende “Stingel”… Y en las
riendas de cuatro caballos estaba el monje “Vilnirius”, acompañado del enano
“Grobun”. El jefe de la aldea de Sylekha les da la bienvenida. Bienvenida de regreso, mi
señora portadora de justicia… ¿cómo les fue en aquellas corruptas tierras?, le
pregunta el anciano de nombre “Helgala” con rostro de alegría, y
con ambos brazos extendidos. La mujer de la aureola de metal en la cabeza le
agarra ambos brazos acompañada de una blanca sonrisa, y luego le dice: Tuvimos
éxito mi querido amigo, hemos regresado la felicidad a once hogares.
II
El anciano jefe de la aldea quien estaba acompañado de muchos aldeanos le
dice a la amazona: Dentro de poco muchas personas de Akavan que necesiten de
vuestros servicios, vendrán hasta nuestro humilde Sylekha, para buscar contratar a nuestra hermosa amazona y a sus buenos
compañeros de aventuras. Así es mi querido Helgala, esta nueva hermandad desde
a partir de hoy vivirá en Sylekha. Pero mi joven señora portadora de Justicia,
vuestros amigos tendrán un hogar al que querrán regresar. La mujer de los
largos y rojizos cabellos mira a su compañero de aventuras y quien era el líder
del grupo, y le dice: En vuestro regreso de aquellas corruptas tierras, vos me
dijisteis que vos y vuestros camaradas viajan de aquí y allá, para completar
peligrosas aventuras… y no tienen un hogar fijo… Te vuelvo a preguntar mi buen Akanán;
¿Estás seguro que tú y tus compañeros de aventuras quieren seguirme hasta su
última aventura?. Ya te lo dije Dyanna Tyris, mis compañeros y yo seguiremos a
la maestra de la espada… jinete de bestias… y portadora de Justicia, hasta
nuestra última aventura en esta vida terrenal. Ella muestra una blanca sonrisa,
por las palabras dichas por su compañero de aventuras… palabras que estaban
acompañadas de aplausos y vitoreos de los aldeanos de Sylekha.
III
Ahora Dyanna
Tyris y sus compañeros de aventuras se encontraban fuera de su tienda, en un
corral de la princesa amazona, que terminaría convirtiéndose más adelante en el
hogar de la hermandad de su gremio de aventureros. ¿Qué les parece la idea?.
Akanán se frota la barbilla, mientras veía el lugar el cual estaba pensando
Tyris convertirlo en el gremio de aventureros cazarrecompensas de Trymas, y
luego le dice: Me agrada el lugar, y lo más importante… que se conservara el
nombre el cual tiene mucha historia, y un significado muy importante para mí. -
¿Porque no nos lideras mi bella amazona?, mi hacha y mi espada estarán siempre
bajo tu servicio – le dijo el enorme bárbaro de la trusa marrón y botas de
cuero del mismo color. - ¡Sí! A mí me gustaría que seas nuestra jefa y nos
lleves a la victoria en las misiones que tengamos – le dijo el pequeño gnomo
del sombrero verde y ojos azules de nombre Stingel. El clérigo del vestido
color mostaza y quien era calvo en la coronilla de nombre Vilnirius arquea la
ceja izquierda mientras miraba las botas de cuero color sangre, y las rodillas
de la bella amazona. Dyanna le dice: El buen Akanán lo está haciendo bien como
su líder, así que sea él quien lidere a esta hermandad de aventureros.
IV
El clérigo de los
cabellos negros y calvo en la coronilla le dice a la maestra de la espada:
¿Tengo una curiosidad mi buena amazona?. Ella lo mira al monje del hábito
mostaza, y le dice: ¿Y cuál es vuestra curiosidad mi buen Vilnirius?. ¿Porque
os alejasteis de tu tierra natal, para terminar en esta región?. Ella se le
acerca lentamente, con un caminar casi sensual, y luego le dice: Digamos que… me
identifico con estas tierras, que me han bautizado con esa palabra que es muy
bien de mi agrado… y la verdad… siento estas tierras como si yo perteneciese a
ellas. La hechicera de la melena plateada y verdes ojos le dice: Una vez
escuché de niña una historia que me contó mi abuela acerca de una profecía de
una guerrera que iba a liberar las tierras de Akavan… Tal vez… tú seas esa
guerrera que menciona aquella leyenda. La amazona de la aureola de metal en la
cabeza apunta su mirada a la bella maga, y le dice: Tal vez si, tal vez no… la
buena gente de Sylekha y aldeas aledañas ya me lo habían dicho antes… pero les
digo; amazonas incorruptas como yo hay muchas en estas tierras… y la verdad
puede ser cualquiera de ellas. Akanán toma la palabra y le dice a la amazona:
Yo digo, que una mujer que puede dar órdenes a un gigantesco dragón con la
mente, es sin duda alguna para mí, la amazona que menciona aquella profecía que
nos contaban nuestros padres de niños.
V
Sabes Dyanna,
desde nuestra llegada a las tierras de Kocega hemos encontrado una paz
aparente en estas tierras, y a decir verdad, no creo haber conocido una aldea
más ordenada que esta… es más, antes de conocerte mi bella amazona, no hemos
sufrido un intento de asalto por parte de los barbaros salvajes en el camino. La
mujer de la trusa roja y blanca le dice: Vos lo habéis dicho mi buen Akanán, la
paz es aparente, ya que tarde o temprano podríamos ser atacados nuevamente por
los salvajes salteadores. - En mi isla teníamos un serio problema con ese tema
de la prostitución… ¿en este lugar lo han podido reducir? - le pregunta la
hechicera Valeska. La prostitución y el proxenetismo son los problemas que más
aquejan a todo pueblo, y en las tierras de Akavan no es la excepción… Gracias
al Dios del cielo y del trueno tenemos ese problema controlado no solo en
nuestra cálida Sylekha, sino también en nuestras aldeas aledañas… y pienso que
es por lo que encierran estas tierras. El guerrero de los azules ojos, Akanán,
asiente por las palabras de la bella amazona… Y él presentía, que la princesa
amazona tenía algo que ver para que no se vean mujeres ofreciendo sus carnes a
los aldeanos y visitantes a plena luz del día.
VI
El más corpulento
del grupo les dice: Bien, éste bárbaro ira a traer la mejor madera para
levantar la casa, ¿Quiénes me acompañan?. Te me has adelantado mi amigo, esa
era mi línea… por cierto mi bella Dyanna, ¿Qué lugar nos recomiendas para traer
la mejor madera?, le pregunta el líder del grupo de aventureros de Trymas. - En
los bosques de “Rudán’n”, tengan por seguro que se puede encontrar el más
fuerte pino, cuya madera es de lo más aromática y resistente… el lugar está
cerca de hora de viaje en caballo… Pero les advierto; peligro encontraremos en
ese bosque por las salvajes bestias que ahí se encuentran. El más corpulento
del grupo le dice: Pues tendrán que dejar que nos llevemos algunos de esos
troncos, o tendré que emplear mi espada. La amazona del pequeño uniforme rojo y
blanco le asiente, y luego les dice: Llevaremos la espaciosa carreta y nos
haremos de algunos de esos grandes troncos, ¿de acuerdo?. Muy bien, entonces
así será, traeremos esos leños, y levantaremos lo que terminara siendo el
gremio de aventureros de “Sylekha –Trymas”. La bella amazona se lo queda
mirando al corpulento Akanán, y luego le dice: ¿Sylekha –Trymas?. Así es mi
bella Dyanna, lo he pensado bien, y pienso que seremos más conocidos en estas
vastas tierras de Akavan, si la gente sabe que en nuestra hermandad tenemos a
Dyanna Tyris… la princesa amazona, y la mujer que sin dudad alguna menciona
aquella profecía. Ella muestra una blanca sonrisa, besa la mejilla en donde
tenía la cicatriz el guerrero de los ojos azules, y luego le dice: Gracias mi
buen Akanán, el nombre de nuestra nueva hermandad es muy de mi agrado.
VII
Ya era de tarde…
la bella amazona se había dado un refrescante baño, y se había cambiado de
traje, por uno completamente rojo. - Bueno, estamos listos para partir a aquel
lugar – le dijo el bárbaro Vadarán quien estaba montado en su caballo de pelaje
negro. ¡Oik! ¿Y que vas a hacer si te encuentras con un enorme y salvaje oso mi
buen Stingel?, le pregunta el pequeño goblin quien era unos centímetros más
alto que su compañero. Pues, le pediré que me preste su hacha mi querido amigo
Grobun para ahuyentarlo. El enano del casco de metal, en donde se veían dos
astas curvadas, esboza una mueca con los labios, dibujando una sonrisa por la
ocurrencia de su amigo aventurero. Un joven adolescente quien admiraba mucho a
la amazona del rojo ropaje, la ve montada en su caballo de pelaje marrón, el
cual caminaba por la calzada, y le grita: ¡Dyanna!. Ella atrapa con su mano
derecha una suculenta y roja manzana que le fue lanzada por el muchacho de los
azules ojos, quien le mostraba su palma derecha, en señal de hasta luego. -
¡Oye tú! ¡Cuídala mucho, ya que pienso casarme con ella cuando cumpla la
mayoría de edad! – le grita el muchacho al guerrero de los azules ojos quien
viajaba al lado de ella. El corpulento guerrero quien pasaba los treinta años,
aprieta los labios, dibujando una sonrisa, y con su mano derecha levantada en
señal de respeto se despide del niño de los rubios cabellos, que no quería que
nada malo le ocurra a la mujer que lo entusiasmaba. Y así, los aventureros de Sylekha
–Trymas se dirigían al bosque de Rudán’n.
VIII
Todavía faltaban
unas cuatro horas para que se muestre la puesta del sol, y los aventureros de Sylekha
–Trymas habían llegado a su destino. El bárbaro, el guerrero, el enano y la
amazona se ponen a cortar los imponentes pinos del lugar. Las horas pasan,
hasta que la maga Valeska, quien estaba en la parte frontal del transporte de
cuatro ruedas les dice: ¡Cuidado! ¡Nos merodean lobos!. Dyanna con voz de mando
les dice a sus compañeros: ¡Stingel, Orhike y Valeska! ¡Apoyen con ballestas mientras
subimos esos troncos!... ¡Akanán y Vadarán! Suban la madera al transporte…
¡Grobun y yo nos encargaremos de ahuyentarlos!... El plan funciona, los
salvajes lobos son ahuyentados por el hacha del fuerte enano del yelmo de astas
curvadas, y de la espada de la princesa amazona de la trusa roja. - Bien, se
han retirado a sus guaridas, terminemos de subir esos troncos al transporte y
regresemos a nuestro hogar – les dijo Dyanna Tyris a sus compañeros de
aventuras. - Permíteme curar vuestra herida, mi buena amazona – le dijo el
clérigo de las largas faldas quien empieza a restañar una herida causada por
las garras de uno de los salvajes lobos en el brazo izquierdo de la amazona en
donde tenía un brazalete de acero. Los ojos verdes de la mujer de la trusa roja
ven como la herida se cierra en su totalidad, y luego le dice al monje: Muchas
gracias mi buen Vilnirius, tu blanca magia ha sanado la herida. El hombre de
negros cabellos y calvo en la coronilla hace una leve reverencia con la cabeza,
agachando la servicial mirada, y apuntando sus marrones ojos debajo de las
rodillas de la exuberante guerrera de los largos y rojizos cabellos. Y ya se
veía la puesta del sol, y los aventureros regresaban a la aldea de Sylekha, con
la madera que necesitaban parta erigir lo que sería la casa del gremio de los
aventureros de Sylekha –Trymas.
Continuara en una Próxima Historia…
capc
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