Historias de Racheal Kunoichi – *La Ninja Americana* #17 : “El Ángel de Arnhem”
Historias de Racheal Kunoichi – *La Ninja
Americana* #17 : “El Ángel de Arnhem”
Autor: capc
1.- Cabe señalar que esta es una historia que
no está dentro del canon oficial del personaje del videojuego del genero
Fighting ‘Martial Champion’ (Campeón Marcial) de la Konami.
2.-
Todos los derechos reservados pertenece(n) a la(s) compañía(s), persona(s)
que crearon a los personajes, imágenes y demás que se mencionan, muestran en
estas historias creadas por mi persona.
3.- Son historias que comparte en el Internet el mejor jugador del Perú solamente en el videojuego de la SFC "Super Formation Soccer 94", y quien es el admirador numero#1 en el Perú de la Ninja "Mai Shiranui" escribiéndole prosas, poemas y fanfics.
Personajes/lugares creados por capc :
Ruud
Vann-Heylen : Es un Ex jefe de la policía de la comisaria de Arnhem, Holanda,
quien le propone a Raquel trabajar con él.
Helena
Vann-Heylen : Es la esposa de Ruud Vann-Heylen.
I
La historia
se da en el país de Holanda. Racheal había huido de Japón en donde un grupo de
ninjas subversivos liderados por el cruel criminal y experto artemarcialista,
Gokunk, buscaban a la ninja americana, para que termine trabajando para su
organización subversiva… Ahora ella se encontraba en un país en donde estaba
alejada del peligro que la acechaba, por consejo de una buena amiga que dejó
allá en Kanazawa, Japón. La bella ninja americana ya estaba con veintiún años
de edad, y ella sentía que debía quedarse un tiempo en los países bajos… un
país cuya lengua era desconocida para la guerrera de los grandes ojos como el
zafiro. Raquel, quien había llegado esa mañana hasta las tierras europeas de
los países bajos, para ser más preciso, al puerto de Rotterdam, ahora estaba
pensando dirigirse a la estación del tren. Ya encontrándose en el lugar, conoce
a una mujer de avanzada edad, quien la orienta para poder comprar un boleto de
tren. ¿Y a donde te diriges, mi joven amiga?, le pregunta la mujer de arrugas
en el rostro y cabellos canos. Raquel le responde: No lo sé con certeza buena
mujer, solo quiero viajar en tren, conocer lugares y despejar un poco mi mente.
¿Usted me entiende, verdad?. La anciana de grises ojos claros, quien hablaba la
lengua inglesa, le asiente despacio con la cabeza en tres ocasiones, y luego le
dice: Creo entenderte, mi joven amiga… cuando era una chica joven y bella como
tú, me gustaba visitar los lugares más esplendidos de toda mi querida Europa…
solo ten cuidado, y no visites los pueblos considerados peligrosos, ¿de
acuerdo?. Raquel abre bien las orbes de sus ojos azules, y con rostro dulce le
pregunta a la anciana; ¿pueblos peligrosos?, ¿acaso hay delincuencia en ellos?.
Así es jovencita, hay delincuencia lamentablemente en nuestro querido país, y
algunas de nuestras ciudades están llenas de corrupción y delincuencia, pero
son solo unos pocos, tampoco quiero que te lleves un mal concepto de nuestro país.
- Si no es indiscreción, buena anciana, ¿me podría decir que pueblos son esos
para no visitarlos? – le pregunta ella ahora con rostro inocente. Después de
escuchar de los labios de la mujer de los grises ojos claros los pueblos a no
visitar, la exuberante mujer de la chaqueta blue jeans ya tenía su siguiente destino
fijo… la ciudad de Arnhem.
II
Había
pasado hora y media aproximadamente desde que Racheal había tomado el tren que
la dejaría a su destino. Ella avizora a la distancia a través de los cristales
de la ventana del tren en movimiento, una de las ciudades con mayor índice de
criminalidad en toda Holanda. El tren se detiene, y ella junto con los pasajeros
abandona la confortable cabina de amigables acabados de madera. Ahora ella
caminaba por la calzada, mientras contemplaba las agradables construcciones que
había en la delictiva ciudad. Su estómago gruñe un poco debido al hambre que tenía,
luego revisa su bolso deportivo color gris que cargaba a su espalda, esperando
encontrar una fruta, pero, sin éxito. Luego revisa el dinero que tenía dentro
de su bolso, el cual tendría que administrar sabiamente en tierras
desconocidas, esto, hasta que encuentre un trabajo honrado para que pueda solventar
sus gastos en aquel peligroso lugar. Ella compraba frutas y unos refrescos en un
minimarket, en eso, su instinto ninja la alerta de un robo que se estaba
llevando a cabo en ese momento dentro del local. Un sujeto de cuerpo delgado y
pálido rostro, quien había metido en su mochila varias cosas sin pagar, empuja
a una anciana que compraba, cayendo la mujer de avanzada edad a los suelos,
para luego emprender veloz huida. La ninja americana se percata de ello, y
moviéndose velozmente, con su pie derecho impide que el delincuente salga del minimarket
sin pagar, tropezándose el sujeto con la bien torneada pierna derecha de ella,
para luego golpearse el rostro con un mueble, para finalmente quedar un poco
aturdido por el golpe en la cabeza. Ella se le acerca velozmente al sujeto de
la chamarra negra y pantalones de vaqueros, y le aplica una llave con su brazo
derecho en el cuello, dejándolo al delincuente desmayado. El hombre que atendía
el negocio y que había hecho sonar la alarma de la tienda, se dirige a Raquel y
le dice: La policía ya viene en camino para llevarse a ese truhan. Ella, quien
mostraba mirada adusta, le asiente con la cabeza, para luego atisbar a la
anciana que yacía sobre los suelos, adolorida, para finalmente acercársele a la
mujer de avanzada edad para brindarle ayuda. ¿Se encuentra bien?. ¡Ay hija! Me
aquejan las rodillas… No sé para que la policía los meten dentro a esos
truhanes, si después los fiscales los dejan libres… me pregunto; ¿cuándo va a
parar la delincuencia en Arnhem?, ¿cuándo?. La bella ninja americana, quien
yacía con una rodilla en el suelo, y con su mano derecha en el hombro de la
mujer del vestido lila y medias blancas, le dice: No se preocupe buena anciana,
tenga fe que algún día la Justicia llegara a esta ciudad.
III
Ya era
de tarde, y Raquel ahora se encontraba cerca de una tranquila carretera de la
ciudad de Arnhem, en donde no había transitar de personas en el lugar. Ella estaba
sentada en la calzada de tierra, apuntando su mirada hacia una pacífica laguna,
con ambas manos apoyadas sobre el césped. Por su mente atormentada pasaba las
tragedias que había vivido en el país de Japón, luego cavilaba sobre quedarse
un tiempo en la peligrosa ciudad para buscar ayudar a cuantas personas lo
necesiten, para finalmente luego emprender su verdadero objetivo, el cual era de
enorgullecer a su casa de artes marciales ubicada en Kanazawa, Japón,
participando en cuantos torneos pueda participar la bella ninja americana. Ella
ya había terminado de ingerir las frutas que había comprado en el minimarket
una hora atrás, y estaba terminando de beber un refresco de lata. Luego la
joven mujer de los ajustados y azules pantalones, atisba hacia al frente a su
izquierda, en donde habían varios arbustos frondosos. Racheal tenía ganas de ir
a hacer sus necesidades, pero salir de la zona rural para regresar a la zona
urbana le demoraría varios minutos caminando de regreso… y muy pocos vehículos
pasaban por la carretera cerca al tranquilo lago aquella fría tarde. Una
furgoneta de color gris se estaciona, y de ella bajan cuatro sujetos que
estaban acechando con la mirada a la mujer de la chaqueta blue jeans y
pantalones de vaqueros ceñidos a su piel. Ella cuando se dirigía hacia los
arbustos, presiente que se le acercaban por detrás los sujetos. Uno de ellos se
la queda mirando, con una sonrisa nada sana. La mujer de los grandes ojos como
el zafiro y largos cabellos rubios, presiente que los cuatro sujetos eran de hacerles
cosas malas a las mujeres que visitaban el lugar, y luego les pregunta: ¿Por
qué me miran así?, ¿Qué cosa quieren de mí?. ¡Hablen!. El sujeto en su lengua
le dice: Creo que sabes lo que queremos… acompañanos detrás de esos arbustos
para… conversar. Raquel no entiende lo que le dice, pero lo que si entiende,
era lo que ellos querían de ella. Además, la presencia de los cuatro sujetos
que la habían rodeado, le hacía sentir que eran… violadores. Raquel después de escuchar los farfulleos de
los cuatro sujetos, entra en su… juego. Ella ahora asiente con la cabeza, y luego
camina con los cuatro hombres detrás de los matorrales cerca a la tranquila
laguna, para en ese lugar… acabar con ellos. Ya estaban detrás de los poblados
arbustos, y luego otro de los sujetos le dice: Sera mejor que cooperes, y nada
malo te pasara. Ella no entiende bien lo que le dice, pero presiente lo que le está
pidiendo. La ninja americana ahora entraba en acción… lo primero que hace es
empezar a desabotonarse los dos primeros botones de su ajustada chaqueta blue
jeans, para ver las reacciones de los ocho ojos que la acechaban. La tensión
que sentía hace un momento empieza a disiparse al ver la mirada de los cuatro
hombres, y ahora la mujer del generoso pecho sentía… que los cuatro sujetos no
le iban a dar ningún problema.
IV
Después
de haber reducido a los cuatro violadores, ella los deja bien amarrados detrás
de los frondosos arbustos. Ahora Raquel quien yacía por las plantas, miraba con
cuidado a la distancia la van color gris que estaba estacionada cerca de la
carretera, mientras se encontraba ella en cuclillas miccionando sobre la
vegetación. Luego de hacer sus necesidades, se ajusta nuevamente los ceñidos
pantalones, y se dirige hacia donde estaba estacionada la espaciosa furgoneta
gris en donde había uno de los secuaces de los cuatro sujetos amarrados con
cuerdas detrás de los bien poblados arbustos, quien estaba detrás del volante
de la van esperando que regresen sus secuaces. Raquel pone mirada confiada, y
se mueve con sigilo, para buscar reducir al hampón. Sin que se percate de su
presencia el sujeto que estaba esperando a sus compinches, la ninja americana
ahora se ubica detrás del vehículo, para luego hacer aparecer en su mano
derecha un shuriken en forma de estrella, el cual arroja hacia el espejo
derecho de la van, rompiéndolo, haciendo que el hombre de los grises ojos se
distraiga, algo que aprovecha la kunoichi de las torneadas piernas, para
finalmente… amordazarlo. Racheal con su mano derecha lo agarra de la chamarra
marrón, y se lo lleva arrastrando, hasta dejarlo detrás de los matorrales con
los otros cuatro delincuentes. Ella se sacude sus manos con un respiro de
alivio, y luego les dice a los cinco hombres cuyas bocas estaban tapadas con
cinta negra adhesiva; Ahora van a pagar por todas aquellas mujeres a quienes
han deshonrado, bellacos. Luego la bella mujer de los ajustados pantalones de
vaqueros se dirige a la comisaria de la ciudad, para que la policía se encargue
de los violadores. Ya se veía el ocaso del día, y ella entraba a la institución
policial. - ¿Sí?, ¿piensa presentar una denuncia la señorita? – le pregunta uno
de los policías. Ella se apuntaba con el segundo dedo de su mano izquierda
hasta en tres ocasiones mientras le decía al elemento uniformado que ella es
americana. El policía del oscuro uniforme le asiente repetidas veces, entendía
un poco la lengua inglesa, y luego haciendo una gesticulación con su mano
derecha le dice a la joven mujer de las bien torneadas piernas : Haber
señorita, dígame; ¿qué es lo que le han hecho?. Un anciano que se había
acercado a la institución policial esa tarde, escuchaba lo que hablaba la mujer
americana del blanco calzado deportivo. El anciano hombre de anteojos, de grises
cabellos en donde tenía una calvicie en la coronilla, y quien tenía
conocimientos de la lengua americana, le dice a ella: Disculpe mi intromisión,
señorita… ¿Usted sola redujo a cuatro violadores por el lago?, ¿es esto
correcto?. Ella le asiente con la cabeza mientras mostraba mirada adusta. - Si
no me creen lo que les estoy diciendo les puedo mostrar el lugar donde los
tengo amordazados – les dijo la exuberante joven de los largos cabellos dorados.
El anciano de los anteojos, quien hace poco se había retirado de la fuerza
policial, enarca la ceja izquierda por lo que había escuchado de la mujer del
generoso pecho, y luego le dice: Eso está un poco difícil de creer, tengo que ser
testigo ocular de lo que dices, muchacha. Un uniformado con alto rango en la
institución policial y quien le guardaba mucho respeto al ex comisario de la
Comisaria de Arnhem, le dice: ¡Jefe! Quiero decir; Señor “Vann-Heylen”, ¿piensa
acompañar a los muchachos?. ¿Tú que crees, mi amigo?. El elemento de la policía
del bigote y oscuros cabellos, quien había tomado la declaración de Racheal, le
asiente con la cabeza, luego dirige su mirada a un par de uniformados que
estaban cerca de ella, y les dice: ¡Preparen un patrullero para ir a la zona!.
V
Raquel,
quien viajaba con el anciano ex jefe de la comisaria de Arnhem en el patrullero
de la policía, llega al lugar en donde una hora atrás ella pudo haber sido otra
mujer víctima de una violación. Los tres vehículos de la policía detienen su
marcha cerca al tranquilo lago, luego la mujer de los grandes ojos azules como
el zafiro y rubios cabellos les indica donde dejó los cuerpos de los cuatros
sujetos de horrendas miradas. Uno de los policías con alto rango en la
institución atisba a los hombres que estaban bien amarrados con cuerdas, con sus
bocas tapadas con cintas negras adhesivas, y reconoce a uno de ellos. El sujeto
que es reconocido por el uniformado con alto cargo, era un peligroso asesino y
violador de mujeres que había en el pueblo de Arnhem. El anciano de ropas de
civil quien fue hace poco tiempo jefe de la comisaría de la ciudad, y que ahora
estaba retirado de la fuerza policial, se abre paso entre los efectivos del
orden, para luego ver a cinco cuerpos amordazados, y por la manera como se
encontraban los individuos, debió ser alguien experto en la utilización de las
cuerdas. Luego, en esa tarde en donde se veía el crepúsculo que luego le daría
paso a la noche, el anciano de los cabellos grises recortados y calvo en la
coronilla, miraba con asombro a la atractiva artemarcialista de las grandes
caderas y largos cabellos dorados, como no pudiendo creer lo que les había
dicho en la comandancia policial. El ex jefe de la comisaria de Arnhem, vuelve
apuntar su mirada a los cinco sujetos que estaban siendo inspeccionados por los
efectivos policiales, luego se retira hacia donde se encontraban los vehículos
de la policía, y en donde también se veía la furgoneta gris que empleaban los
sujetos para sus atracos. Por una corazonada policial, el anciano del grueso
bigote gris, se acerca al vehículo de los delincuentes, encontrando unos
vidrios rotos en el espejo derecho de la van. El ex policía achina ligeramente
los ojos, encontrando ahora un extraño objeto, el cual era de un metal negro en
forma de estrella, como el que usan los ninjas, para luego guardarlo dentro de
uno de los bolsillos de su chaqueta, para finalmente dirigirse nuevamente hacia
donde estaban estacionados los patrulleros. Bueno, Señor Vann-Heylen, tenemos
que regresar y reportar lo ocurrido en este lugar… ¿quiere que lo dejemos en su
hogar?. No, gracias muchacho, me quedare un rato más para conversar con aquella
muchacha, y luego me iré a casa. – Entiendo – dijo el policía con alto cargo,
para luego darle indicaciones a sus hombres, para que metan dentro de los
patrulleros a los criminales. Raquel, quien presentía que el anciano de la
chaqueta gris oscura y marrones pantalones quería decirle algo, ve partir de
regreso a la comisaria a los patrulleros, para luego la exuberante ninja
americana apuntar sus azules y grandes ojos como el zafiro, hacia el hombre de
avanzada edad quien se le… acercaba.
VI
El
anciano de los ojos grises quien estaba arriba de los setenta años de edad, y
quien entendía el idioma inglés, mostrándole mirada amigable le dice a la joven
mujer de la chaqueta blue jeans; Por tu acento deduzco que sois americana, ¿no
es así, jovencita?. Así es, buen anciano, soy norteamericana, y estoy pensando
pasar unas vacaciones en estas tierras. Me alegro por vos, tenemos agradables
lugares turísticos en nuestro país que podría recomendarte para ir a visitar,
jovencita. Ella le dice: ¿Enserio?, eso suena agradable. El anciano del grueso
bigote le dice: Por cierto, mi nombre es “Ruud”, Ruud Vann-Heylen, ¿y el
vuestro?. Racheal, solo eso puedo decirle, anciano. - Bien, Raquel, me podrías
decir, ¿si este objeto que encontré en aquel vehículo que ha sido cercado por
los efectivos, es tuyo? – le pregunta el anciano de los marrones pantalones y
calvo en la coronilla, quien había sacado el objeto en forma de estrella ninja
de su bolsillo izquierdo de su chaqueta gris oscura. La mirada que había puesto
la mujer de las grandes caderas, le daba a entender al ex jefe de la comisaria
de Arnhem, que si conocía el objeto. Ella toma el arma cortante que le muestra
el hombre del bigote grueso y grisáceo, lo mira por ambos lados, se lo
devuelve, y luego le dice: No, lo siento, no es mío. El anciano del calzado de
cuero negro tipo mocasines, con la ceja izquierda arqueada le inquiere; ¿Estas
segura que no es tuyo, Racheal?. Y si lo fuera, ¿qué?, ¿va a dar aviso a la policía
para meterme presa?. No exageres muchacha, solo que no se ha visto un ninja en
Arnhem en mucho tiempo. Puedo saber; ¿Quién o donde fuiste entrenada?. Lo
siento, es información confidencial, anciano, y no puedo brindársela. Luego la
exuberante ninja americana quien ya estaba por desaparecer de la escena, por
así decirlo, le dice: Creo que tengo que retirarme anciano, fue un gusto
conocerlo. Espera, porque no permites que éste viejo te invite algo de comer,
para conocernos un poco, ¿Qué dices?. Lo siento en verdad, señor ¿Vann-Heylen?,
dijo ella preguntando, no recordando bien el nombre que le brindó el ex jefe de
la institución policial del pueblo hace un momento. Así es, muchacha, está bien
pronunciado mi apellido. Ella continúa diciéndole: Lo siento, ya es de noche y
tengo que ir a mi hospedaje. Insisto, permite que éste viejo te invite algo de
comer, ya que quiero tratar un asunto contigo que tal vez te pueda interesar,
¿Qué dices Raquel?. Ella se frota la barbilla con su mano izquierda, tal como
lo hacía su padre, quien falleció asesinado varios años atrás en el país de
Japón. Ella no sentía mala intención en el hombre de la avanzada edad, quien le
mostraba mirada afable, y luego le dice: Esta bien, solo le podré aceptar la
cena, ¿de acuerdo?. - Por mi está bien, jovencita, por aquella dirección hay un
paradero donde hay mayor tránsito de vehículos, y luego te llevare a un buen
restaurant en donde tendremos privacidad para conversar. Por favor, acompáñame
– le dijo Vann-Heylen quien camina con ella un par de cuadras, en donde se veía
otra carretera en donde había mayor circulación de vehículos. El anciano de los
marrones pantalones y calzado de cuero negro con su mano derecha detiene un
taxi, y junto con la bella Raquel se dirige a un establecimiento de comidas
para cenar.
VII
Ahora
ambos se encontraban dentro de un establecimiento de comidas de confianza de
Vann-Heylen, en donde había mesas privadas, con cortinas carmesí. ¿Qué tal está
la comida, mi joven amiga?. - La comida de este país es muy buena, y estas
bitterballs están sabrosas – le dijo la
joven mujer de los grandes ojos azules, quien ya estaba por acabar el deleite
culinario que yacía en su plato. El anciano del grueso bigote gris le da un
nuevo sorbo a su copa de vino, y luego le dice: Me alegra que sea de tu agrado
nuestra comida… y se llama Bitterballen lo que estas comiendo, mi joven amiga.
Ella coloca la última redonda croqueta de carne en la salsa de color mostaza
que se encontraba en un pequeño recipiente, para luego la mujer de la chaqueta blue
jeans meterla en su boca, para finalmente terminar su recorrido el alimento
dentro de su estómago. Racheal luego mira su reloj deportivo de correa oscura,
en donde señalaba las siete con cuarenta y cinco minutos de la noche, para
luego atisbar con rostro amigable al anciano de los cabellos grises, quien ya
había terminado su plato de comida, para finalmente decirle: Señor Vann-Heylen,
y dígame; ¿Cuál es ese asunto que quería tratar conmigo?. - Ah, eso… lo siento,
pero se me hace un poco difícil de creer que una chica con un rostro tan dulce
como el tuyo haya reducido a peligrosos criminales que han hecho mucho daño a
jovencitas tan bellas como tú, mi joven Raquel… en verdad eres alguien muy
especial – le dijo el anciano retirado de la fuerza policial, quien se atusaba
su grueso bigote gris con la servilleta. – Señor Vann-Heylen, las apariencias
engañan; puedo ahora mostrar un dulce y virginal rostro, pero cuando me veo en
verdaderos problemas, puedo ser una mujer muy peligrosa para un ruin hombre…
eso se lo puedo asegurar, buen anciano. El hombre de los cabellos grises y
calvo en la coronilla, le asiente, y luego le dice: Según lo que me has dicho;
eres una mujer idealista, que no te gusta la opresión ni la corrupción, y que
además, te gustaría ayudar a las personas que más lo necesiten… Pero, no sé si
deba confiarte esto que tengo en mis pensamientos. Ella frunce ligeramente el
ceño, y le dice: En verdad señor, si lo que me piensa proponer es para ayudar a
personas que no encuentran justicia… me gustaría participar. El anciano de los
anteojos, quien estaba cavilando en lo que podría hacer con Raquel no solo en
Arnhem, sino también en otras ciudades de los países bajos, se atusaba ahora su
grueso bigote gris con el primer y segundo dedo de su mano derecha, con sus
grises ojos fijos en la exuberante ninja americana, mientras decidía lo que
hará con ella. Ella le pregunta: Y bien, ¿y que ha decidido?. El anciano de la
casaca gris oscura le dice: Te lo advierto muchacha, lo que tengo en mente para
ti es muy peligroso, en serio te lo digo. Racheal, quien ya no mostraba rostro
dulce, ni virginal, le dice con seguridad en su voz: Si el trabajo se trata de
hacerla de justiciera en las noches, vigilando desde lo alto de los techos de
los edificios para buscar atrapar criminales, entonces ese trabajo es para mí,
anciano. El ex comisario de la policía y retirado de la institución policial de
Arnhem, se queda boquiabierto por la convicción con que lo dijo la ninja americana.
VIII
Ya
eran pasadas las ocho de la noche, y ahora ambos salían del lugar de comidas
ubicado a unas cuadras de la comisaria de Arnhem, en donde se veía el pavimento
húmedo por la lluvia que se había hecho presente hace unos minutos. Vann-Heylen
le dice: Oye muchacha, ¿porque no vienes a mi casa para que ahí descanses?. El
lugar solo se encuentra a unas diez manzanas de aquí, y a “Helena” le gustara
mucho conocerte. ¿Y quién es Helena?. - Mi buena esposa, desde luego – le dijo
el anciano quien luego dibuja con sus labios una amigable sonrisa, para luego
hacer detener con su mano derecha a un taxi. El anciano retirado de la
institución policial, abre la puerta del vehículo amarillo, para luego la joven
mujer de los rubios cabellos mojados entrar en el auto, seguida del anciano
hombre del grueso bigote gris. Ya dentro del vehículo ella le dice: Usted
todavía puede serle útil a la policía de Arnhem señor Vann-Heylen, ¿porque
entonces no continuar sirviendo a la fuerza policial?. El anciano le dice:
Porque sentí que ya cumplí mi ciclo como policía, además… Él se detiene en su
hablar, mientras miraba por el vidrio húmedo detrás de Raquel. ¿Además, que?,
continúe por favor. - Digamos que a mis oídos llegaban rumores de algunos ex
colegas de la institución donde me sacrifiqué por tanto tiempo, y me dije a mi
mismo; que es tiempo de dejar la fuerza, y así lo hice, mi joven amiga. Bueno,
ya llegamos, este es mi hogar – le dijo el hombre de los grises ojos quien le
señala con su mano izquierda una casa de dos pisos. Se escuchan toques a la
puerta de la casa, la cual era de un color blanco. Una anciana se encontraba
mirando por el ojo de vidrio de la puerta de la casa, para luego abrirla.
Vieja, tenemos visitas… permíteme presentarte a Raquel. La regordeta mujer de
los canosos cabellos amarrados como un moño, con rostro un poco adusto, le
dice: ¡Ruud!, ¿Por qué has traído a esa mujer?, espero una buena respuesta, de
lo contrario dormirás bajo la lluvia. Relájate mujer, por el amor de dios, ¿cómo
piensas esas cosas de tu esposo quien a sus setenta y dos años nunca te ha sido
infiel con mujer?. - Entonces explícate Ruud; ¿Por qué has traído a esa mujer
con ese cuerpo tan exuberante a esta casa? – le inquiere su esposa, quien luego
vuelve a apuntar su mirada a la joven mujer de los grandes pechos. Racheal
interviene diciéndole a la anciana mujer del vestido color pardo: Disculpe
señora, no quiero ser la manzana de la discordia… usted pensara que soy una
mujer embaucadora de hombres, pero la verdad, es que no lo soy. La vieja mujer
de nombre Helena, quien tenía conocimientos de la lengua inglesa, vuelve a
mirar a su esposo con algo de desconcierto en su rostro, y le dice: Encima es
una extranjera, que no habla nuestra lengua natal, ¿puedo saber que pretendes
Ruud?. Vieja, quiero que escuches a la muchacha, ¿de acuerdo?. - A ver, entren…
luego no te me vayas a resfriar tú con este frío – le dijo su mujer al anciano.
Luego de unos minutos conversando en el cómodo sofá de la sala y en un ambiente
con calefacción, la anciana de robusto rostro y mejillas coloradas le dice a
Racheal: Ya sabía que había una muy buena razón detrás de todo esto… perdóname
jovencita, por un momento pensé que eras una de esas mujeres que buscan fisurar
hogares. - No la culpo señora Vann-Heylen, creo que la culpa es mía por comer
muchas espinacas – le dijo la exuberante joven de la chaqueta blue jeans, en
forma de broma, haciendo que los ancianos rían por lo que había dicho la ninja
americana.
IX
Después
de cenar, Racheal y el anciano Ruud Vann-Heylen se encontraban ahora en el ático
de la casa, en donde se encontraba el estudio del ex jefe de la policía, quien
ya estaba retirado de la institución policial de Arnhem. - La señora Helena es
una mujer muy adorable… es usted un hombre muy afortunado señor Vann-Heylen,
¿sabe? – le dijo ella, quien estaba sentada en un sillón de cuero negro. El
hombre de los ojos grises y grueso bigote, quien se encontraba sentado en su
asiento con ambos codos sobre su escritorio, hace un gesto con los labios, para
luego decirle: Ni que lo digas jovencita… mi querida Helena es como la más
deliciosa cerveza de Arnhem. Ella pone rostro dulce por el cariño que le tenía
el anciano a su mujer. Luego el ex comisario de la institución policial de
Arnhem, con la frente un poco arrugada le dice: Bueno, regresemos a los
negocios, ¿de acuerdo?. Raquel cambia su semblante, mostrando ahora un rostro
maduro. Aquella noche, la exuberante mujer de los grandes ojos como el zafiro, sabía
bien lo que realizaría en las noches en las peligrosas calles de la ciudad,
bajo las órdenes del anciano del grueso bigote gris, quien quería seguir
ayudando a la gente honrada, no solo de Arnhem, sino también de otras partes de
los países bajos. La mujer de la cinta blanca en los rubios cabellos le dice: Bueno,
lo que hemos estipulado será en las noches, ¿no es así, señor Vann-Heylen?. Así
es, mi joven amiga, así hemos acordado de palabra… ¿Hay algo más que quieras
compartir conmigo antes de mostrarte el lugar donde te alojarás?. Ella, quien
tenía el segundo dedo de su mano derecha a la altura del mentón, le dice: La
verdad, sí. El anciano enarca la ceja izquierda, y le pregunta: ¿Y qué cosa es
eso?. Raquel le dice: Pues, me gustaría trabajar en las mañanas en algún lugar.
Entiendo, ¿y en que te gustaría trabajar?. Bueno, me gusta la gastronomía, y
quisiera trabajar en un restaurant como cocinera, pienso… pienso que lo haría
bien. El hombre de los pantalones marrones y camisa azul de mangas largas,
esboza una sonrisa por lo que había dicho la bella mujer de los grandes ojos
azules, y luego le dice: Así que te gusta la cocina… Pues, si eso es lo que
piensas hacer en las mañanas, quien soy yo para oponerme. Muy bien, ahora
permíteme mostrarte tus… aposentos, ¿de acuerdo Raquel?. Ella le asiente con la
cabeza, y luego lo sigue al anciano hacia el lugar dentro de la casa en donde
tendría alojamiento la bella mujer de los pantalones de vaqueros ceñidos a la
piel. La esposa de Vann-Heylen, quien estaba al lado de su esposo, le dice a
Racheal; Yo quería darte una de las habitaciones de nuestras hijas, pero tu
decidiste que sea en el sótano, y aquí estamos… ¿Qué te parece el lugar,
Raquel?. La exuberante ninja americana mira el lugar el cual era de su pleno
agrado, luego atisba a ambos ancianos, y les dice: ¡El lugar es estupendo!, me
lo quedo. Luego les dice a ambos: ¿En verdad no quieren que pague una renta
mensual por el alojamiento?. El viejo del grueso bigote gris, quien acariciaba
el hombro izquierdo de su anciana y buena mujer, le dice: Por lo que vas a
hacer por nuestras jóvenes, puedes estar aquí sin pagar todo el tiempo que
quieras Racheal. La mujer de los largos cabellos dorados y chaqueta blue jeans,
les dice: Por lo que me dijeron, sus dos hijas fueron víctimas de esos hombres
malos, y tal vez por eso que me contaron en la sala, es que decidí que sea en
el sótano y no en alguno de los cuartos de sus hijas… espero que entiendan mi
decisión. La anciana Helena agacha la cabeza de tristeza al recordar a sus
hijas fallecidas, y con pesar y baja voz le dice: Claro que si... El anciano
frota nuevamente el hombro izquierdo de su atribulada esposa, y con rostro
adusto le dice a la mujer de las bien torneadas piernas: Nuestras buenas hijas
que en paz descansen fueron víctimas de violadores como los que redujiste esta
tarde por aquel lago… basuras que nos las arrebataron de nuestras vidas, pero
que ahora ya son ángeles en el reino de los cielos. Racheal Kelsey, de veintiún
años de vida, tenía claro el propósito que desempeñaría en su estadía en el país
de Holanda… Ella sería como una vigilante nocturna… una Justiciera de la noche…
Ella seria… el Ángel de Arnhem…
Continuara
en una Próxima Historia…
capc
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